El trabajo de cubierta empieza antes de que un alumno pueda asumir una guardia en un buque mercante. Para obtener varios títulos profesionales, los estudios académicos deben completarse con meses de embarque supervisado. Este viernes 23 de octubre entra en vigor un real decreto que regula hasta 1.100.000 euros en ayudas para sufragar esas plazas de prácticas y apoyar la restauración de dos embarcaciones históricas.

El texto publicado el jueves 22 recoge dos líneas de subvención directa. La primera establece un máximo de un millón de euros para la Asociación de Navieros Españoles (ANAVE), que distribuirá los fondos entre las navieras que embarquen alumnos. La segunda fija hasta 50.000 euros para la Fundación Correíllo La Palma y otros 50.000 para ALBAOLA, la asociación vasca dedicada a difundir el patrimonio marítimo. El total de 1,1 millones es la suma de los máximos previstos, no una transferencia automática por ese importe.

Las prácticas a bordo completan varios títulos de Marina Mercante

La ayuda para formación atiende una barrera concreta: el alumnado puede terminar los estudios en una escuela de marina civil o una facultad de náutica y seguir sin reunir el periodo de embarque requerido para solicitar su título profesional. Dependiendo de la especialidad, las prácticas deben sumar al menos nueve o doce meses. La experiencia se realiza en buques mercantes en servicio y bajo la supervisión de oficiales responsables.

El programa contempla plazas para estudiantes de puente, máquinas, radioelectrónica y perfil electrotécnico. También se dirige a quienes buscan titulaciones de patrón de litoral o de altura, mecánico naval y mecánico mayor naval. La subvención no se entrega directamente al alumnado. ANAVE es la entidad beneficiaria que canaliza el dinero, junto con las navieras que ponen el buque y los medios para que el embarque se produzca.

Las partidas cubren costes que aparecen desde antes de la salida hasta el final de la estancia. Entre ellos figuran los equipos de protección, la ropa y el material de trabajo, la manutención, el alojamiento y los viajes hasta el puerto de embarque y desde el de desembarque. También se incluyen los gastos del embarque, el libro de registro formativo, la familiarización con la seguridad del buque, las horas del oficial tutor y los seguros de responsabilidad civil y accidentes.

ANAVE puede imputar a gestión, coordinación y rendición de cuentas un máximo del cinco por ciento de su subvención. La cuantía se calcula por alumno y por cada concepto subvencionable, sin agrupar todos los gastos de una naviera bajo un mismo concepto. El máximo global limita el reparto a la partida disponible. Para cobrar, las navieras deben acreditar las actividades efectivamente realizadas. Después, ANAVE justifica ante la Dirección General de la Marina Mercante que las empresas han cumplido las condiciones y que el dinero se aplicó al programa.

El ciclo anterior ofrece una referencia de la dimensión del sistema, aunque no permite anticipar cuántas personas se beneficiarán del nuevo decreto. ANAVE comunicó que 677 estudiantes completaron prácticas en 107 buques de 14 compañías durante los dos años previos. El conjunto representó 3.018 meses de formación a bordo. Esa cifra muestra por qué las plazas disponibles en barcos forman parte de la titulación, junto con la enseñanza que se recibe en tierra.

Dos proyectos recuperarán embarcaciones con valor histórico

La línea cultural se reparte en dos ayudas de hasta 50.000 euros. La Fundación Correíllo La Palma destinará la suya a restaurar y rehabilitar el buque del mismo nombre para que pueda volver a navegar. El objetivo es conservarlo y mostrar sus valores históricos y patrimoniales como recurso cultural y turístico.

ALBAOLA, en el País Vasco, dedicará su parte a construir una réplica de una nao de 1563 y restaurar el atunero de madera Ozentziyo. El proyecto de la nao recupera la historia del ballenero San Juan, construido en Pasaia y hundido en las costas de Labrador en 1565. El Ozentziyo, construido en 1990, dejó la actividad pesquera en 2015. La asociación desarrolla estas labores en una factoría marítima que combina construcción naval tradicional y divulgación patrimonial.

Las reglas permiten pagar personal propio o externo que trabaje en las actuaciones, además de materiales y suministros vinculados directamente a la restauración o construcción. Los instrumentos y equipos solo se imputan en la proporción en que se utilicen para esos proyectos. La cantidad final de cada convenio puede quedar por debajo del máximo de 50.000 euros y solo se abonará lo que las entidades hayan justificado.

Qué cambia desde el 23 de octubre

La entrada en vigor activa el marco jurídico para conceder las ayudas. No abre una solicitud individual para que un estudiante pida el millón de euros ni significa que las entidades cobren ese día. Cada subvención se formalizará mediante un convenio con la Dirección General de la Marina Mercante. Ese documento precisará la cuantía concedida y los indicadores para revisar el cumplimiento, y deberá publicarse en el Boletín Oficial del Estado y en la Base de Datos Nacional de Subvenciones.

El real decreto fija el periodo de ejecución y de gastos subvencionables entre el 1 de noviembre de 2025 y el 31 de octubre de 2026. Por tanto, contempla actividades y costes que pueden ser anteriores a su entrada en vigor, siempre dentro de esas fechas y si cumplen las condiciones específicas. Entre los requisitos generales, las entidades beneficiarias deben acreditar que cumplen las obligaciones tributarias y con la Seguridad Social, y no tener deudas pendientes por reintegros.

Tras finalizar las actividades, cada beneficiaria dispone de quince días para presentar una memoria de actuación y la documentación económica que pruebe los gastos. El órgano gestor puede conceder otros quince días si existe una causa justificada. En el caso del patrimonio naval, solo se pagará la cantidad respaldada por esas cuentas. Para las prácticas, ANAVE recibe el abono después de que las navieras acrediten los embarques y la actividad cubierta.

El efecto inmediato para el sector es que desde el 23 de octubre existe una norma vigente para formalizar las tres líneas de apoyo. Su impacto dependerá de los convenios, de las plazas que las compañías pongan a disposición del alumnado y de la ejecución demostrable de cada proyecto de restauración. Para un estudiante, el apoyo se concreta en poder completar a bordo el tiempo necesario para su titulación. Para las dos entidades culturales, la financiación acompaña trabajos definidos sobre barcos concretos.