La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta del domingo confirma un cuarto mandato presidencial y una remontada frente a Flávio Bolsonaro. El Tribunal Superior Electoral (TSE) anunció que Lula obtuvo 64.256.232 votos, el 51,79 % de los válidos, frente a los 59.826.041 de su rival, que alcanzó el 48,21 %. La diferencia final fue de 4.430.191 votos.

El resultado cierra una noche muy ajustada en Brasil y deja dos claves inmediatas: el actual presidente vuelve al Palacio de Planalto y lo hace después de que Bolsonaro se impusiera en la primera vuelta. La autoridad electoral también informó de una participación de 128,2 millones de personas entre más de 158 millones habilitadas para votar. La abstención rondó el 19,2 %, por debajo del 21,08 % registrado en la primera ronda.

Una remontada decidida en la segunda vuelta

La elección presidencial brasileña se resolvió en dos rondas porque ningún candidato superó la mitad de los votos válidos en la primera. Flávio Bolsonaro había quedado por delante entonces, pero la votación definitiva invirtió el orden. Es la primera vez desde el retorno de la democracia en que el candidato que termina segundo en la primera vuelta gana la presidencia en la segunda,

La diferencia final no elimina la división que atravesó la campaña. Lula supera a su contrincante por 3,58 puntos porcentuales, una distancia que le da la victoria con claridad legal, pero que muestra que casi la mitad de los votos válidos fueron para Bolsonaro. La noche electoral termina con un ganador proclamado y un país que seguirá teniendo que negociar sus diferencias en las instituciones y en la vida política cotidiana.

El TSE contabilizó más de 158 millones de electores habilitados para esta segunda vuelta y 128,2 millones de votantes. La participación aumentó con respecto a la primera ronda, cuando la abstención había llegado al 21,08 %. La mejora es relevante porque el voto en Brasil es obligatorio para buena parte del electorado, aunque existen excepciones, entre ellas para las personas mayores de 70 años y quienes tienen entre 16 y 17 años.

Qué dejó la jornada electoral

La votación se desarrolló en 95.000 locales y empleó 499.248 urnas electrónicas. De ese total, 1.551, el 0,31 %, tuvieron que ser sustituidas. La autoridad electoral informó de una suspensión temporal en la recepción de boletines de urna durante la noche, después de que una decisión judicial ampliara hasta las 19:00, hora de Brasilia, la votación en las secciones que seguían abiertas. La medida exigió ajustar los procedimientos de transmisión y recuento.

El presidente del TSE, Kassio Nunes Marques, explicó que la decisión llegó cuando miles de urnas ya habían cerrado, por lo que no podían reabrirse. La autoridad suspendió temporalmente la recepción de boletines mientras resolvía cómo procesar el material pendiente. El tribunal afirma que las adaptaciones permitieron continuar el escrutinio. El resultado final anunciado después incluye los votos de ambos candidatos y determina la proclamación de Lula como vencedor.

La jornada incluyó además transporte colectivo gratuito en las zonas que aplicaron esa medida. El TSE indicó que los tribunales regionales recibieron instrucciones para vigilar la prestación y que cualquier insuficiencia debía investigarse. La cuestión del transporte adquirió relevancia porque las dificultades de desplazamiento estuvieron entre los argumentos planteados antes de solicitar la extensión del horario.

El reto político empieza con un país dividido

Lula vuelve a la presidencia para un cuarto mandato no consecutivo, después de haber gobernado entre 2003 y 2010 y regresado al poder en 2023. Su nuevo periodo comenzará el 5 de enero de 2027, fecha fijada para la toma de posesión presidencial. El triunfo extiende la continuidad de su proyecto político, aunque el margen estrecho anticipa que la gobernabilidad dependerá también de acuerdos con un Congreso donde sus adversarios cuentan con una presencia amplia.

El presidente electo ha prometido mantener o ampliar varias políticas sociales de los últimos años. Entre los compromisos de campaña figuran aumentar el salario mínimo por encima de la inflación y crear un Ministerio de Seguridad Pública. Son propuestas, no medidas aprobadas. Su alcance dependerá de la composición legislativa, del presupuesto y de las decisiones que tome el nuevo Ejecutivo al comenzar el mandato.

La elección también tendrá efectos en las relaciones exteriores de Brasil. El país es la mayor economía de América Latina y ocupa un papel central en el Mercosur, el G20 y las conversaciones sobre clima y comercio. La continuidad de Lula apunta a que Brasil mantendrá una diplomacia que busca interlocución tanto con Estados Unidos como con China. Ese rumbo convivirá con las prioridades internas y con un Parlamento que puede limitar o modificar las iniciativas presidenciales.

Un mandato con una mayoría ajustada

El cómputo oficial confirma la reelección, pero el margen y el resultado de la primera vuelta dejan un escenario de competencia política sostenida. Para el Gobierno, el desafío será convertir compromisos de campaña en decisiones concretas y reunir apoyos suficientes para ejecutarlas. Para la oposición, los casi 60 millones de votos obtenidos por Bolsonaro constituyen una base amplia desde la que disputar la agenda nacional.

La autoridad electoral brasileña registró además 2.265 procesos relacionados con el ciclo electoral ante el TSE, incluidos 827 recursos de representación y 446 solicitudes de derecho de respuesta. El dato refleja la carga judicial que acompañó a la campaña, aunque no altera el resultado proclamado. El tribunal también informó de observadores nacionales e internacionales y de medidas para facilitar la participación de mujeres, personas negras, pueblos indígenas y personas con discapacidad.

La segunda vuelta resuelve quién gobernará Brasil durante los próximos cuatro años. La diferencia de 4,43 millones de votos da a Lula un mandato definido por las urnas, mientras que la distribución del voto y la composición del Congreso marcan el límite político con el que empezará su nueva etapa. La primera prueba no será volver a ganar una elección, sino construir acuerdos que permitan gobernar a un país que llega a 2027 dividido casi por mitades.