
El director, guionista y productor José Luis García Sánchez falleció en Madrid el domingo 25 de octubre, a los 85 años. La Academia de Cine confirmó su muerte y recordó una trayectoria de casi seis décadas. Su nombre quedó ligado a Las truchas, ganadora del Oso de Oro de la Berlinale, y a los guiones premiados con el Goya de Belle Époque y Tirano Banderas. Su filmografía también incluye teatro independiente, sátira, adaptaciones literarias y escritura para películas de otros directores.
Sus películas recorren distintas formas de observar la sociedad española. García Sánchez alternó la dirección con el guion, y pasó de la comedia a la adaptación y al documental. El reconocimiento de festivales y premios señala algunos hitos, pero el conjunto de su obra refleja una trayectoria construida junto a otros profesionales y atenta a la historia cultural del país.
Del teatro independiente al cine
Antes de consolidarse como director, García Sánchez se movió entre el teatro y el cine. Formó parte del grupo madrileño de teatro independiente Los Goliardos y después ingresó en la Escuela Oficial de Cinematografía. Trabajó como ayudante de dirección de Carlos Saura en La caza. Ese recorrido le acercó a distintos oficios del espectáculo antes de desarrollar una filmografía propia.
Entre los primeros largometrajes que dirigió figuran El love feroz, Colorín colorado y Las truchas. Esta última, estrenada en 1978, obtuvo el Oso de Oro en la Berlinale. El galardón convirtió la película en uno de los títulos más reconocidos de su carrera, junto a trabajos que después tendrían una presencia continuada en festivales y en la historia del cine español.
El éxito de Las truchas no agota el interés de su filmografía. En ella se aprecia la inclinación de García Sánchez por observar a los personajes en relación con su entorno y por utilizar la comedia como una vía para mostrar contradicciones. Esa mirada vuelve a aparecer, con otras formas, en las películas que cruzan escenas cotidianas, memoria política y literatura. La sátira no funciona como una capa separada del relato, sino como una manera de acercarse a las reglas sociales y a quienes intentan adaptarse a ellas.
La historia española entre la risa y la crítica
La corte de Faraón llevó esa mezcla de humor e historia al terreno de la comedia musical. La película de 1985 sitúa a una compañía de aficionados en la posguerra, cuando intenta representar una obra sin los permisos de censura exigidos. La acción transcurre entre interrogatorios policiales y los preparativos del espectáculo. El argumento reúne teatro, música y control político en una sola noche, y convierte una representación en motivo de conflicto con las autoridades.
La película recibió una Concha de Plata en el Festival de San Sebastián de 1985. Ese premio, junto con el Oso de Oro de Las truchas, destaca dos obras muy distintas. Una concentra su historia en un grupo reunido en un salón. La otra sigue a una compañía que trata de llevar una obra al escenario. En ambas, el humor convive con la presión colectiva y con los límites que marcan las instituciones.
Su filmografía incorporó también Dolores, documental codirigido con Andrés Linares sobre Dolores Ibárruri, y La noche más larga, situada en torno a los últimos fusilamientos del franquismo. Estos trabajos amplían el registro de un cineasta que no se limitó a una sola forma narrativa. La comedia, el documental y el drama le permitieron regresar a distintos periodos y figuras de la historia española.
Valle-Inclán y los guiones compartidos
Ramón del Valle-Inclán fue una presencia decisiva en su trabajo. García Sánchez llevó al cine Divinas palabras y Tirano Banderas, dos adaptaciones que muestran su interés por la literatura española y por historias con una mirada incisiva sobre el poder. En Tirano Banderas colaboró con Rafael Azcona en el guion. Ambos compartieron el Goya al mejor guion adaptado por la película.
Azcona fue uno de sus colaboradores más frecuentes. Junto con él y Fernando Trueba, García Sánchez escribió Belle Époque, dirigida por Trueba y ganadora del Goya al mejor guion original. La colaboración muestra otra dimensión de su carrera: su aportación a películas que no dirigió. También participó en los guiones de Habla, mudita y Camada negra, dirigidas por Manuel Gutiérrez Aragón.
La escritura no fue una tarea secundaria dentro de su recorrido. Le permitió trabajar sobre materiales literarios, contribuir a proyectos ajenos y mantener una relación constante con otros autores. Sus adaptaciones de Valle-Inclán convivieron con comedias, películas de época y obras contemporáneas. Esa variedad hace difícil resumir su trabajo con una sola etiqueta, aunque la ironía y la atención a las relaciones de poder reaparezcan en diferentes momentos.
Una filmografía hecha en colaboración
La carrera de García Sánchez se construyó junto a intérpretes, guionistas, productores y equipos técnicos. El vínculo con Azcona fue central, pero no agota la red profesional que rodeó al cineasta. Su trabajo como guionista para otros directores y su paso por el teatro muestran una actividad que se extendió más allá de la dirección de largometrajes.
Entre los títulos que completan su recorrido figuran El vuelo de la paloma, Siempre hay un camino a la derecha, Tranvía a la Malvarrosa y Los muertos no se tocan, nene. Esta última, estrenada en 2011, adaptó una obra de Azcona y fue el último largometraje de su filmografía. El final de su carrera como director llegó después de décadas de proyectos, sin borrar la presencia de sus películas anteriores en la historia del cine español.
José Luis García Sánchez deja una obra que se mueve entre la risa y el examen crítico. Los premios reconocen hitos concretos, pero su legado también está en los géneros y colaboradores que atravesó. Volver a sus películas permite seguir el trabajo de un cineasta que observó la sociedad española desde el escenario, la literatura, el documental y la vida cotidiana.